domingo, 23 de marzo de 2025

RESUMEN - ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! DE ANDRÉS OPPENHEIMER

RESUMEN - ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! DE ANDRÉS OPPENHEIMER

La automatización y la Inteligencia Artificial (IA) afectan a todas las carreras profesionales. Esto se debe a que, a diferencia de los seres humanos, según el autor, tanto la IA como las máquinas automáticas pueden mejorar su rendimiento en un 100% en tan solo un año, superando por completo la capacidad de mejora humana. Este avance exponencial provoca que estas IAs sean capaces de reaccionar a situaciones inesperadas de manera veloz lo que pone en peligro ahora no solo a quienes realizan trabajos rutinarios o de oficina, sino que también a quienes realizan labores más complejas y que requieren de personalización. 

Además, un punto importante a destacar es que los “robots” no requieren de descanso a diferencia del ser humano, no necesitan comer y tampoco dormir, tampoco pueden tener un mal humor, por lo que tener un empleado robot representa para el empleador tener a alguien 100% disponible y de buen humor a toda hora, lo que evidentemente les conviene más que tener a una persona. Y, aunque se hace mención de que “las carreras más complejas” sobrevivirán quizá a esta automatización, igualmente se pone en duda cuánto más durará el humano hasta que la automatización lo alcance incluso en estos ámbitos, puesto que no se puede olvidar el gran margen de mejora que poseen y que no requieren de un proceso de “reflexión” tan largo como el que necesita el hombre para actuar.

En uno de los apartados del libro, Oppenheimer se basa en un estudio de Frey y Osborne que predicen que los trabajos más amenazados por la tecnología son aquellos con tareas rutinarias y predecibles, ya que pueden ser fácilmente automatizados. Entre los que menciona destacan los cajeros y empleados bancarios, debido a la digitalización de pagos y la banca en línea; los choferes y conductores, ante la llegada de vehículos autónomos; y los trabajadores de fábricas, reemplazados por robots en tareas repetitivas. También se encuentran en riesgo los abogados y asistentes legales, ya que la IA puede analizar jurisprudencia y redactar contratos; así como los periodistas y redactores, pues los algoritmos ya generan noticias simples; además profesiones como médicos radiólogos y patólogos pueden verse afectados por sistemas capaces de diagnosticar enfermedades con precisión, al igual que los contadores, cuyas funciones son automatizadas por softwares. Finalmente, con un 97% de probabilidad de desaparecer, según el autor, están los cocineros, recepcionistas, oficinistas y empleados de atención al cliente, quienes están siendo sustituidos por brazos robóticos, chatbots y asistentes virtuales, lo que confirma que la automatización impacta y seguirá afectando con mayor fuerza a quienes desempeñan labores mecánicas y repetitivas.

Uno de los temas, muy importantes, al tener en cuenta que pasará con unas profesiones que se encuentran amenazadas, lógicamente existirán unas que cuenten con aún más demanda. Las profesiones más demandadas serán aquellas difíciles de automatizar y esenciales para la sociedad. Los asistentes de salud seguirán siendo indispensables por su empatía y calidez humana. Los analistas e ingenieros de datos, junto con los programadores, serán clave en un mundo digitalizado, al igual que los policías digitales, encargados de la ciberseguridad.

El comercio en línea impulsará la demanda de asesores de ventas y creadores de contenido comercial. La robótica requerirá programadores y técnicos, mientras que los maestros seguirán siendo esenciales para enseñar habilidades humanas. El auge de las energías renovables necesitará especialistas en infraestructuras sostenibles. Con más tiempo libre, crecerá la demanda de artistas y creadores de entretenimiento. Finalmente, el aumento de la soledad digital incrementará la necesidad de consejeros espirituales.

La transformación digital ha hecho que se produjera muchos cambios en en el sentido laboral, en el libro de Oppenheimer se puede analizar a dos clases de opiniones respecto a esta latente transformación, los tecnopesimistas y tecnooptimistas: Por un lado, los tecnopesimistas, Frey y Osborne, dos investigadores de la universidad de oxford, que pronosticaron que el 47% de los empleos podría desaparecer en los próximos 15 o 20 años por la automatización,sobre todo en empleos con tareas repetitivas o basadas en la recopilación de datos. Para Frey “los que están menos capacitados serán los que corren más riesgo de ser reemplazados’’. Además, los tecnopesimistas ven una gran amenaza pues al reducir los horarios de trabajo gracias a la inclusión de robots, también poseería nuevos ingresos, lo que afectaría negativamente a la economía mundial.

Por otro lado, para los tecnooptimistas la tecnología siempre terminó creando más empleos de los que aniquiló, como el ejemplo de Amazon que aumentó 50% el número de robots de transporte y carga en sus depósitos en 2016, lo que inesperadamente provocó que contratará a 50% más gente en el mismo periodo. Además, para Mandel y Swanson, dos economistas, afirman que estos cambios digitales traen 3 grandes beneficios como: generar empleos directos para trabajadores que manufacturar productos, generar empleos indirectos para emprendedores que inventen aplicaciones y que se conviertan en empresa, y en tercer lugar, aumento de la proactividad, lo que haría productos más baratos y que haya más inversión para empresas como consumidores.

Es innegable que la digitalización y la inteligencia artificial están transformando profundamente nuestra profesión, erosionando el monopolio tradicional de los abogados sobre ciertos servicios jurídicos y obligándonos a repensar nuestro rol en el ejercicio del Derecho. La automatización de tareas como la redacción de contratos, la búsqueda jurisprudencial y el análisis predictivo de litigios está desplazando labores que antes requerían horas de estudio y experiencia, lo que reduce los costos para los clientes, pero también plantea un desafío competitivo para los futuros abogados. Herramientas como LexMachina.com están generando rankings de desempeño que mercantilizan la abogacía y trasladan a los algoritmos la evaluación de nuestra competencia, lo que podría marginar a quienes no se adapten a esta nueva realidad. Sin embargo, la naturaleza del Derecho, con su componente argumentativo, su vínculo humano con los clientes y su capacidad de interpretación normativa, sigue siendo un bastión difícil de automatizar. En ese sentido, la digitalización nos obliga a especializarnos en áreas donde el criterio jurídico, la estrategia procesal y la interacción personal con el cliente sigan siendo insustituibles. No podemos resistirnos a la evolución tecnológica, sino asumirla como una herramienta que optimiza nuestra labor, aligerando tareas repetitivas para enfocarnos en la asesoría estratégica, la defensa en litigios complejos y la interpretación dinámica del ordenamiento jurídico.

Incluso, la transformación digital y la Inteligencia Artificial están cambiando el mundo laboral, y el derecho no es la excepción. Aunque la IA puede automatizar tareas repetitivas como la revisión de documentos y el análisis de jurisprudencia, el ejercicio del derecho no se limita a eso. El razonamiento jurídico, la argumentación y la interpretación de normas requieren habilidades humanas como la ética, la empatía y la negociación, que la IA aún no puede responder o no tiene sustento completamente. Sin embargo, los abogados deberán adaptarse a este nuevo mundo tecnológico. Entonces, el derecho no desaparecerá, pero cambiará profundamente. Es decir, los abogados que combinan sus conocimientos con habilidades tecnológicas y estratégicas tendrán más oportunidades en este nuevo entorno. Adaptarse no es una opción, sino una necesidad que el abogado tendrá que hacer ante esta evolución tecnológica.